
· Hanói, Vientam
¡Hanói, allá voy!
Después de disintas aventuras y desventuras, y de traer al mundo un bebé con nuestras propias manos a 2.000 metros de altura (sí, las historias las cuenta cada uno como quiere), llegamos al Aeropuerto Internacional de Hanói. ¡Vamos!
Más o menos cuatro horas tarde pero nos seguía esperando el transfer gratis de booking. Las cosas que funcionan funcionan, chapeau. Algo de cola en el control de pasaportes y nos encontrábamos con nuestro chófer, recibiendo el primer shock térmico del país asiático y enfilando hacia la capital.
Llegamos a nuestro primer hogar en el continente asiático. Nos guardan las maletas y salimos con mal aspecto y peor olor a dar una vuelta hasta las 14 que nos puedan dar la habitación, que por cierto está fenomenal.
Después de una merecidísima siesta y la proporcional ducha, nos damos un paseito alrededor del lago, pasando por la Pagoda de Tran Quoc. Chulo!
Seguimos nuestro paseito de tarde explorando la ciudad, y nos topamos con Kasaya - Nhà Hàng Chay và Cafe, un café restaurante espectacular con una fachada impresionante y unos interiores muy especiales.
Y terminamos el primer día cenando un plato típico de Hanói, el Chả Cá: Pescado blanco hecho en brocheta que se monta con cebolleta china, cacahuetes y noodles finos de arroz. Muy ricos, estos asiáticos saben comer bien equilibrado. ¡Listos para enfilar la cama y con ganas de mañana!